24 ene. 2016

Crossover I - Ndeiram Kabur

Y cómo lo prometido es deuda, aquí llega el primero de los (espero) muchos mini relatos que escribiré según las bases de Nía Van der Veer y de Susana Bielsa (quién, ¡ojo cuidao!, en unas horas dará una noticia gorda gorda).

Si leísteis mi anterior entrada, este relato debía tener una extensión de 400 palabras, estar escrito en 2ª persona, ser de género de aventuras y, obligatoriamente, tener a alguien en ropa interior y un modelo. Para mí esto suponía un buen reto, pues el género de aventuras es precisamente el que menos leo y nunca había escrito nada igual; pero al final lo he disfrutado, que es lo más importante, y... casi mejor no me extiendo más y os dejo a vosotros leerlo y juzgar si se me da bien o mal xD. Espero que os guste :).

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Despiertas en mitad de la selva. La vegetación y la niebla son tan densas que no te dejan ver el cielo, que ahora es negro y está cubierto por un manto infinito de puntitos brillantes. La humedad ha calado en tu piel y notas el sudor frío. «Espera... ¿Dónde están tus pantalones y tu camiseta?», te asalta la duda mientras buscas a tu alrededor. Encuentras tu mochila tirada entre la hojarasca, pero ni rastro de la ropa; solo una vieja revista de moda con una rubia sonriente en bikini. «¿Dónde está el resto de cosas?», te vuelves a preguntar. Te tocas la frente y de repente tu cabeza estalla en un millón de pinchazos. Te miras la mano. Sangre. Y entonces recuerdas...
Recuerdas a tu jefa de sección hablándote del reportaje fotográfico sobre las tribus aisladas de Indonesia, y también la emoción que sentiste cuando te lo encomendaron. Recuerdas coger un avión que catorce horas después aterrizaría en Yakarta; y de allí, otro hacia Merauke, en la isla de Nueva Guinea. Recuerdas encontrarte allí con Iskandar, quién sería tu guía y traductor durante la expedición. «¿Qué habría sido de él?». Recuerdas el traqueteo del jeep por las pistas forestales llenas de barro y, cuando el camino ya era intransitable, el vaivén de la zodiac siguiendo el cauce del río Ndeiram Kabur.
Oyes un crujido de pisadas a tus espaldas. Tu cuerpo se sacude con un calambre eléctrico y el vello se te eriza. Entonces recuerdas las flechas y los gritos. Y el miedo. Sabías que aquel trabajo conllevaba ciertos riesgos, pero jamás imaginaste algo así. Recuerdas el bote volcando, tirándoos al agua. Recuerdas ver a Iskandar darse un golpe contra una roca y siendo arrastrado río abajo, inconsciente. Recuerdas nadar hasta la orilla opuesta del río y salir corriendo, con al menos nueve figuras detrás de ti disparándote flechas. El dolor punzante de la pierna te recuerda cómo te atraparon, te arrastraron hasta la aldea y allí te despojaron de todas tus pertenencias, incluida la ropa, al grito de “¡khakhua, khakhua!”. Uno de los mayores se te acercaba con un machete y la mirada decidida. También recuerdas cómo en un descuido conseguiste liberarte y huir. Y que al cabo de unas horas corriendo, tropezaste con una raíz y te diste de bruces contra una piedra. Después, negro.
El silbido de una flecha te hace saltar las alarmas. «¡CORRE!».
Ya vienen. 

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Y ahora sí, ahora toca hacer el sorteo para que Susana escriba el suyo y... he ahí el resultado:

“Relato de Aventuras, escrito en 3ª persona, con una extensión de 450 palabras, que transcurra en primavera y en el que debe aparecer alguien leyendo un libro del siglo XIX”

Las pruebas del delito xDD:



Pues ¡ala!, Susana, ¡manos a la obra!. 


2 comentarios:

Nía Van der Veer dijo...

Ya sabes que me encanta... y a la afortunada! Animo! Al final no ha sido tan duro... ¿cómo se te dan las aventurillas?

Carolina Bensler dijo...

Pues, hombre, al llevármelo un poco a mi terreno y poder escribirlo desde esa perspectiva, me ha sido más sencillo de lo que esperaba. Pero ya veremos cómo va, sobretodo si sale "humor", que eso ya sí que... uf xDDDD.